Hace unos días me topé con este post de David de la Iglesia en el que critica la forma en que herramientas como Figma están transformando la práctica del diseño. Señala, por ejemplo: “Figma ha llevado a que el dominio técnico se confunda con la verdadera esencia del diseño, que debería centrarse en la estrategia, la visión y el propósito.”
Creo que este debate existe desde que apareció el primer Mac y resurge cada vez que sale al mercado una nueva herramienta que permite a perfiles no especializados aterrizar soluciones que podrían pasar por válidas en según que contextos y proyectos. En este caso, la pregunta no es si Figma banaliza el diseño, sino más bien: ¿dónde sucede realmente el diseño?
Hace un par de años me incorporé como diseñador de interacción al Departamento de Usabilidad de una entidad bancaria. No disponía de herramientas de diseño específicas, así que, cuando llegó mi primer encargo —diseñar los flujos de pantallas de un nuevo servicio de open banking—, me vi obligado a recurrir a… [música dramática]… PowerPoint.
¿Resolví la papeleta? Sí 💪
¿Fui eficiente? Ni de coña. Calculo que tardé ocho veces más de lo estimado si hubiese contado con la herramienta adecuada.
Hoy, con Figma integrado en nuestro día a día, he podido experimentar el otro extremo. La herramienta nos permite trabajar más rápido y colaborar mejor con equipos internos y externos. Sin embargo, también he visto cómo la facilidad de uso puede llevar a confundir el diseño con la mera ejecución técnica.
Y es que el diseño sucede antes de abrir Figma, en los momentos de reflexión, ideación y análisis. Ocurre cuando conectamos las necesidades de los usuarios con los objetivos del negocio, cuando traducimos problemas en soluciones claras y viables. Figma es solo el espacio donde esas ideas toman forma, donde el diseño conceptual se materializa y cobra vida. Como bien señala David en su post: “El verdadero diseño ocurre antes de interactuar con las herramientas.”
Creo que Figma nos da la oportunidad de liberar tiempo de tareas mecánicas y dedicarlo a lo importante: pensar, explorar y construir una visión sólida. Como diseñadores y diseñadoras, nuestra responsabilidad es liderar el proceso y asegurarnos de que las herramientas sirvan al diseño, y no al revés.
En definitiva, Figma no reemplaza al diseñador; lo potencia. El desafío está en recordar siempre que las herramientas son medios para expresar ideas, no generadores de diseño por sí mismas.
¿Y para ti? ¿Dónde sucede el diseño?