Aunque los proyectos relacionados con el Diseño de interacción y la Consultoría de Experiencia de Usuario son prioridad para nuestro estudio, nunca hemos dejado de poner ojitos tiernos a los encargos de branding que cada cierto tiempo aterrizan en nuestra bandeja de correo. Creo que las metodologías que usamos a diario son extrapolables a la creación de marca y estoy convencido de que muchos de los insights que podemos obtener durante un proceso de investigación son oro puro, no solo para alguien que esté diseñando una identidad corporativa sino también para cualquier directivo que necesite referencias más allá de los KPIs de negocio.
Hace poco salió a la luz la historia del rebranding de Nintendo. Es una simple anécdota, pero me ha resultado tan interesante que no he podido resistirme a comentarla por aquí.
Resulta que en mayo de 2006, tras unos años de vacas flacas y a pocos meses de la presentación de la Wii, la filial americana había llegado a la conclusión de que era imperativo rediseñar su logotipo si pretendían llegar a nuevos segmentos de jugadores.
Según el departamento de marketing, los valores de la marca no estaban alineados con los gustos de los “hardcore gamers”, pues la empresa se caracterizaba por ofrecer videojuegos más infantiles que su competencia. Amparándose en el hecho de que Nintendo no había modificado su logo desde 1982 decidieron apostar por una potente estética "graffiti" para el rediseño de su marca.
Sin embargo, esta propuesta fue descartada de inmediato por el mismísimo presidente de Nintendo of America, Reggie Fils-Aimé. El directivo, que acababa de llegar al cargo, alegó que para abrirse a un nuevo público no era necesario echar por tierra los valores tradicionales sobre los que se había levantado una empresa.
Este logo SE QUEDA
Finalmente dejaron el logotipo intacto y ajustaron su estrategia de comunicación para quitase el estigma de “empresa que hace videojuegos infantiles” y evolucionar a una compañía que crea experiencias de juego para toda la familia. Brillante.
Probablemente esta valiente –y acertada– decisión fue consecuencia de la enorme sensibilidad por parte del directivo que, a pesar de tener una personalidad más extrovertida que sus compañeros nipones, era consciente de que la construcción de marca no debe entenderse como algo meramente estético, sino como una guía en la que apoyarse para entender el camino a seguir.
Y es que al final, que el CEO sea consciente del papel estratégico del diseño es el primer paso para que este consiga impregnar el ADN de una organización.